¿Qué son los depósitos bancarios y cómo funcionan?

Los depósitos bancarios han sido históricamente el producto financiero estrella en España. Una imposición a plazo fijo era la solución más repetida cuando un ahorrador quería obtener rentabilidad para sus ahorros. Seguridad, sencillez y garantía son sus principales ventajas frente a otros productos de ahorro e inversión.

 

¿Qué son los depósitos bancarios?

 

La definición clásica de un depósito bancario es la de un producto financiero con el que el ahorrador pone a disposición de la entidad financiera una cierta cantidad de dinero para que esta lo guarde a cambio normalmente de un interés o una serie de servicios.

El tipo de interés de los depósitos suele ser fijo y se conoce de antemano, pero también puede ser variable con productos como los depósitos estructurados. Al final, el tipo de depósito bancario será el que determine la remuneración.

 

Características de los depósitos bancarios

 

Seguridad y garantía, sencillez y rentabilidad son las tres ventajas de los depósitos bancarios y también sus principales características.

Los depósitos bancarios son productos de ahorro seguros. Por definición recuperará por lo menos todo el dinero del depósito pase lo que pase, ya que su ahorro está garantizado. A diferencia de otros productos como fondos de inversión, donde el capital se invierte y está a expensas de los movimientos del mercado, con un plazo fijo, el dinero permanece en el banco, que tiene la obligación de reintegrarlo.

Además, los depósitos bancarios cuentan con una doble garantía. Y es que están asegurados por el Fondo de Garantía de Depósitos (FGD) en hasta 100.000 euros por partícipe y entidad financiera. Es decir, en el improbable caso de quiebra de la entidad financiera, el FGD le devolverá esa cantidad.

Los depósitos bancarios también son sencillos. Imposiciones a plazo fijo, cuentas remuneradas y libretas de ahorro son los tres tipos de depósitos que hay. Su funcionamiento es muy simple, salvo en el caso de los depósitos estructurados.

Por último, en términos de inversión los depósitos son un producto rentable, ya que ofrecen un beneficio pactado de antemano. Una cuestión diferente surge al comparar esa rentabilidad con la de otros productos financieros.

 

¿Cómo funcionan los depósitos bancarios?

 

El funcionamiento de los depósitos es muy sencillo. Como su propio nombre indica, el ahorrador deja o deposita un dinero en la entidad durante un tiempo determinado o indefinido con unas condiciones previamente pactadas.

A partir de ahí la forma de trabajar del depósito puede variar en función del tipo de depósito del que se trate, como por ejemplo los depósitos para empresas.

 

Imposición a plazo fijo

 

También conocidos como depósito a plazo fijo, es el tipo de depósito al que se refiere la mayoría de personas cuando usa el término.

En una imposición a plazo fijo se deposita el dinero en el banco por un tiempo determinado. A cambio, la entidad financiera se compromete a remunerarle con un tipo de interés pactado al final del periodo.

Normalmente, cuanto más largo es el periodo de la imposición a plazo fijo, mayor es también el interés que se recibe. En caso de querer recuperar el dinero antes de tiempo, lo normal es que el banco establezca algún tipo de penalización, bien reduciendo el tipo de interés a cobrar o con algún tipo de comisión adicional por reembolso anticipado.

Bajo esta modalidad de imposiciones a plazo fijo existen productos algo más complejos y también más rentables como los depósitos estructurados. Bajo esta modalidad, el banco garantiza el dinero del depósito y un beneficio mínimo. A esto se suma un beneficio mayor si se dan una serie de circunstancias como que una cesta de acciones seleccionadas u otros activos tengan un comportamiento determinado en bolsa.

 

Depósito a la vista

 

Los depósitos difieren de las imposiciones a plazo fijo en que es posible retirar el dinero en cualquier momento. Es lo que se conoce como una cuenta remunerada.

 

Libreta de ahorro

 

Las libretas o cuentas de ahorro son depósitos con los que el banco le entrega una libreta para anotar los movimientos. La diferencia con una cuenta corriente al uso es que la disponibilidad del dinero tiende a ser menor a cambio de algo de rentabilidad. Es un producto en desuso.