Umbral de rentabilidad – Qué es y cómo se calcula

Poner en marcha un negocio no es tarea sencilla. Trámites, permisos, impuestos, etc. Por supuesto, partiendo de una idea y un plan de negocio, pero, sobre todo, teniendo en cuenta la dificultad que suele entrañar conseguir el dinero para arrancar. La financiación, siempre la financiación, una de las grandes barreras con la que los emprendedores se topan una y otra vez.

Salvados esos escollos -lo cual no todos los empresarios consiguen, más bien la minoría-, el siguiente paso suele ser alcanzar una cierta estabilidad en el negocio, es decir, que la empresa se asiente en el mercado en el que opera y que deje atrás los inicios a veces renqueantes. A partir de ahí, llega el momento de la consolidación del proyecto. ¿Cómo saber cuándo se ha escalado hasta ese punto? Pues aunque, obviamente, son diversos los indicadores que puedan ayudar a resolver ese interrogante, como mínimo, habrá que haber alcanzado un equilibrio entre ingresos y gastos. A continuación, le contamos qué es y cómo se calcula el umbral de rentabilidad.

 

Qué es el umbral de rentabilidad

Aunque pueda sonar un tanto técnico, se trata en realidad de un concepto sencillo. El umbral de rentabilidad puede definirse como el instante en el que los costes totales de un negocio se igualan en números con la facturación.

 

El también llamado punto muerto o break-even point en inglés es el número mínimo de unidades que una empresa tiene que vender para que el beneficio o la pérdida sean cero.

 

Para qué sirve el umbral de rentabilidad

Como es lógico, en lo que se refiere a la empresa, resulta clave conocer en qué estado se encuentra este indicador para descubrir cuándo la actividad comienza a generar ganancias. Ese hito tarda más o menos en llegar en función del éxito que logre el negocio, que, a su vez, dependerá de diversos factores: ventas, competencia, importancia de los gastos que produce la actividad, etc.

 

De la misma manera, la ansiedad por rebasar el umbral de rentabilidad suele ser mayor cuanto más se resista ese momento en llegar. También puede servir de referencia, si las cosas no van como el emprendedor habría deseado, para considerar la resistencia financiera de su bolsillo y la capacidad de supervivencia del proprio negocio.

 

El inversor y el umbral de rentabilidad

Además de la perspectiva del empresario, también hay que considerar la visión de un posible inversor. Desde su punto de vista, en caso de que esté sopesando apostar por un negocio que ya está en marcha, será interesante saber el resultado que arroja el umbral de rentabilidad de la empresa en cuestión.

 

No obstante, para que el análisis sea todavía más aclaratorio, es aconsejable comparar siempre el umbral de rentabilidad del negocio con la variable tiempo. O lo que es lo mismo, considerar la primera magnitud en función del recorrido que acumule la empresa, dado que no es lo mismo pretender estar en beneficios en el tercer mes actividad que en el cuarto año desde la apertura.

 

Cómo se calcula el umbral de rentabilidad

El importe exacto de ingresos que la empresa debe conseguir para empezar a obtener beneficios se calcula interrelacionando tres variables del negocio:

  1. Los gastos fijos globales que tiene la empresa.
  2. El precio de venta de los productos o servicios que tiene en cartera.
  3. El coste variable por unidad despachada, que es el aspecto que puede ser algo más complejo y que haga variar las cifras de la estimación.

 

Una vez establecidos esos montantes, no hay más que restar el coste variable al precio de venta para obtener, así, el margen de contribución. De la manera que aquí figura:

Margen de contribución = precio de venta del producto o servicio – coste variable

 

A continuación, queda dividir los gastos fijos totales que genera el negocio entre el margen de contribución. Hecha la cuenta, tendrá frente a usted el umbral de rentabilidad. La fórmula queda como sigue:

Umbral de rentabilidad = gastos fijos totales / margen de contribución

 

Ejemplo de umbral de rentabilidad

 

Tomemos como ejemplo una pequeña clínica veterinaria que cuenta con un único empleado. En esas cifras, cabe recordar, no se incluye el capital inicial, ni total ni parcialmente.

 

Las cifras en el apartado de gastos serían las siguientes:

  • Costes laborales: 1.500 euros.
  • Alquiler del local: 1.000 euros.
  • Luz, agua, teléfono e Internet: 120 euros.
  • Seguro de responsabilidad civil: 80 euros.
  • Cotizaciones a la Seguridad Social como autónomo: 280 euros.
  • Varios: 220 euros.
    • Total: 3.200 euros.

 

Con estos datos ¿cuándo alcanzará el umbral de rentabilidad la clímica? Cuando sus ingresos sean iguales o superiores a esos 3.200 euros de gastos que debe afrontar más el coste variable que le suponga la venta de cada producto, que en este caso serán los servicios a los animales. Y es que el coste unitario de cada servicio variará en función del material que deba emplear.

 

Imaginemos que esta es su distribución de ingresos en función del tipo de servicio::

  • Consultas: 2.000 euros (80 consultas a 25 euros por consulta).
  • Intervenciones quirúrgicas: 1.000 euros (2 intervenciones a 500 euros por intervención).
  • Emergencias atendidas: 400 euros (4 emergencias a 100 euros por emergencia).
    • Total: 3.600 euros.

 

Con estos datos podría parecer que la clínica habría alcanzado el humbral de rentabilidad. Nada más lejos de la realidad. Y es que todavía queda sumar los gastos variables, que serán los que nos sirvan para calcular el margen de contribución de cada producto. Con unos gastos de 600 euros en material gastos e ingresos estarían igualados, pero aún así habría que averiguar el margen de contribución por servicio.

 

Suponiendo una distribución homogénea de los gastos, serían 200 por partida que se repartirián entre el número de productos vendidos o servicios prestados. Así quedaría la distribución,

 

  • Consultas (80): el coste variable por consulta es de 2,5 euros.
  • Intervenciones quirúrgicas (2): coste variable por intervención es de 100 euros.
  • Emergencias atendidas (4): coste variable por emergencia es de 50 euros.

 

Este coste se restaría a cada producto y se usaría para averiguar cuántas unidades es necesario vender para alcanzar el umbral de rentabilidad. En este caso, la clínica necesitaría pasar 143 consultas al mes para ser rentable o practicar ocho intervenciones, por ejemplo.