¿Qué es la liquidez financiera?
La liquidez financiera es uno de esos términos con los que conviene estar familiarizado como inversor y que se usa tanto para evaluar diferentes vehículos de inversión como empresas particulares.
¿Qué es la liquidez financiera?
La primera definición de liquidez financiera se refiere a la capacidad de un activo para convertirse en dinero en efectivo sin perder valor. Es decir, lo rápido que puedes vender una inversión en caso de que sea necesario.
Por ejemplo, un fondo de inversión es un activo líquido porque se puede reembolsar en cualquier momento y disponer del capital en la cuenta en un periodo corto de tiempo, lo que en teoría limitará la pérdida de valor en momentos de caídas.
Por el contrario, una vivienda es un activo poco líquido porque no se puede vender rápidamente. De hecho, lo normal es tener que esperar varias semanas e incluso meses hasta cerrar la operación y tener en dinero en la cuenta.
La segunda acepción del concepto de liquidez financiera está aplicado a una empresa y se refiere también a la facilidad para vender sus activos y convertirlos en dinero en caso de necesitarlo. Este dato se mide a través del ratio de liquidez, un indicador de la salud financiera de la compañía.
Cómo afecta la liquidez financiera a las inversiones
La liquidez es un elemento clave al invertir que afecta directamente al riesgo de una inversión (y de una empresa). Los activos más líquidos tienden a ser inversiones más seguras porque, en caso de necesidad, se pueden convertir en dinero líquido, cuya volatilidad es nula. Así, en caso de caídas en los mercados, será posible evitar más pérdidas de forma rápida.
Eso sí, eso no quiere decir que los activos líquidos estén garantizados o que sean 100% seguros. Como podrá ver a continuación, también están expuestos a fluctuaciones de mercado. La diferencia es que con ellos es más fácil evitar pérdidas pronunciadas porque son más sencillos de vender.
Clasificación de activos según su liquidez
Una de las formas de clasificar los activos de inversión es hacerlo en base a su liquidez financiera. Esta sería la distribución según su grado de liquidez desde los más líquidos hasta los menos líquidos:
● Dinero en efectivo y en cuentas corrientes.
● Depósitos bancarios.
● Deuda fija a corto plazo.
● Pagarés de empresa.
● Acciones cotizadas y ETFs o fondos cotizados.
● Fondos de inversión.
● Renta fija, especialmente la renta fija corporativa, incluidos los préstamos en la modalidad de crowdlending.
● Planes de pensiones, que no pueden recuperarse en cualquier momento.
● Activos no cotizados, como acciones de start ups, fondos de private equity.
● Inversiones alternativas como obras de arte, relojes y otros artículos de coleccionismo.
● Inmuebles, incluida la inversión a través de crowdfunding y crowdlending inmobiliario.
Además de los propios activos, también es posible hablar de mercados líquidos e ilíquidos según la facilidad para realizar transacciones. Los mercados más líquidos son las grandes plazas bursátiles como la Bolsa de Nueva York, Frankfurt o Londres, donde miles de inversores intercambian acciones a diario.
Por el contrario, en mercados más pequeños o empresas con pocas acciones en bolsa, es posible que la compra o venta se demore, igual en que en los mercados extrabursátiles o mercados OTC (Over The Counter).
Ratio de liquidez: qué es y cómo se calcula
El ratio de liquidez es un indicador para medir la salud financiera de una empresa e incluso de una familia aplicada a escala personal.
Básicamente mide la proporción de deuda que se puede cubrir a corto plazo con los activos de la empresa. Es decir, sirve para conocer la capacidad de una compañía para hacer frente a sus compromisos financieros a corto plazo.
La fórmula para calcular el ratio de liquidez es muy sencilla:
Ratio de liquidez = activo corriente / pasivo corriente
Dentro de los activos corrientes se tienen en cuenta la tesorería de la empresa (dinero en cuentas bancarias y en caja), los derechos de cobro (facturas pendientes y pagarés) y las existencias (productos que pueda vender).