Qué es la aversión al riesgo y cómo afecta a las inversiones

La psicología es clave al invertir y la aversión al riesgo es un buen ejemplo de ello. Esta aversión al riesgo es la culpable de muchos de los errores clásicos al invertir, desde no invertir hasta vender en momentos de pánico.

¿Qué es exactamente la aversión al riesgo?

 

La definición más técnica del término sería la tendencia a de los inversores a evitar la incertidumbre a la hora de invertir.

 

Esta fobia por el riesgo es una de las consecuencias de la aversión a la pérdida, un sesgo cognitivo que estudian las finanzas conductuales. Según explican los psicólogos David Kahneman y Amos Tversky en su estudio “La formulación de las decisiones y la psicología de la elección”, el efecto negativo de una pérdida es 2,5 veces mayor que el disfrute que experimentamos por una ganancia equivalente.

 

El resultado de todo esto es una tendencia natural a evitar las pérdidas frente a la posibilidad de lograr ganancias equivalentes. En otras palabras, la preferencia por evitar la incertidumbre al invertir.

 

Y es que este odio a perder forma parte del ADN humano en mayor o menor medida. Es un mecanismo que se activa de forma automática e inconsciente en el cerebro cuando debe tomar decisiones complejas y que distorsiona la percepción de la realidad.

 

Un ejemplo de aversión a la pérdida

 

Otra forma de entender esta aversión aversión a la pérdida y la consecuente aversión al riesgo es imaginarse la siguiente situación: si paseando se encuentra un billete de 10 euros y después lo pierde, el sentimiento negativo por esa pérdida será mayor que la alegría.

Además, psicológicamente tendrá una sensación de pérdida pese a que en realidad no ha ganado ni ha perdido.

Algo parecido ocurre en otros casos como al evaluar juegos de azar que tiene el mismo resultado esperado a largo plazo e incluso una esperanza matemática positiva, pero que se desestiman porque se percibe que el riesgo es alto.

Un ejemplo de cómo afecta la aversión al riesgo a las decisiones financieras serían dos juegos diferentes consistentes en lanzar una moneda al aire. En el primero, si sale cara, gana 100 euros y si sale cruz nada y en el segundo, salga lo que salga ganará 50 euros.

Las posibilidades de ganar a largo plazo son las mismas, ya que cada vez que se lance las posibilidades de que salga cara o cruz son del 50%. Ante este juego, la mayoría de personas escogerá la segunda opción, la ganancia segura.

¿Y si en lugar de solo ganar dinero lo perdiese? 100 euros o nada con el primer juego y 50 seguros con el segundo. En este caso la mayoría de personas se decantaría por la primera opción, aunque las pérdidas pueden ser mayores. La razón es que el ser humano odia perder y eso distorsiona su percepción del riesgo.

Cómo afecta la aversión al riesgo a las inversiones

 

Esta inclinación por evitar el riesgo tiene un claro efecto en las finanzas y las inversiones. El más habitual es evitar la inversión en todos sus aspectos por no querer correr ningún tipo de riesgo.

El problema de esta decisión es que el simple efecto de la inflación ya hará que su dinero pierda valor por el paso del tiempo.

El segundo efecto de la aversión al riesgo es el de mantener posiciones perdedores sólo por el hecho de no querer asumir pérdidas. En otras palabras, querer esperar hasta que la acción o fondo de inversión recupere por lo menos el valor inicial, algo que puede pasar o no.

En esta misma línea, la tercera consecuencia sería vender una posición ganadora antes de tiempo ante el riesgo de que pueda caer. Es decir, el miedo a ganar menos que ya ha visto con el ejemplo del billete de 10 euros.

Y por supuesto, invertir en productos inadecuados para los objetivos y plazos de la inversión. Si en inversiones a corto plazo debe primar al protección del capital, al invertir a largo plazo el foco tiende a estar en lograr más rentabilidad. La razón es que existe una relación estrecha entre el riesgo entendido como volatilidad, la rentabilidad y el plazo de la inversión.

Por eso mismo una recomendación extendida en las inversiones para jóvenes es primar la renta variable frente a la renta fija.

Niveles de aversión a la pérdida

 

Esta aversión a la pérdida es un características común a todas las personas, pero no afecta a todos por igual. Existen diferentes niveles y estos son los más comunes:

 

Fuerte aversión

son inversores con una alta aversión al riesgo y que tienden a las inversiones conservadoras. Priman la seguridad y ausencia de riesgo frente a la rentabilidad. Productos como los depósitos, planes de pensiones y fondos de inversión de renta fija o fondos monetarios suelen aparecer en sus carteras.

Baja aversión

Son personas que optarán por maximizar la rentabilidad frente al riesgo. Los productos de renta variable son los que conforman sus carteras.