La tasa interna de rentabilidad

Valorar un proyecto para invertir o no en él puede resultar una tarea ardua. Depende, obviamente, de los conocimientos y de la experiencia de quien lo sopesa, pero también de la complejidad de aquél. Diferentes economistas y expertos en el ámbito empresarial e inversor han realizado aportaciones y creado conceptos a lo largo de los años para ayudar en ese propósito. Aunque en algunos casos se trata de instrumentos técnicos de cierta complejidad, existen diversos métodos que pueden ser de gran utilidad al analizar tanto la viabilidad como la rentabilidad de un proyecto.

Indicadores para valorar un proyecto

Dos son los grandes grupos en los que le recomendamos que se fije para determinar los factores de riesgo y el realismo financiero de una inversión: los métodos estáticos y los dinámicos. En el primer bloque se incluyen los siguientes:

 

  • -El flujo neto de caja (cash flow).

 

  • -El plazo de recuperación.

 

  • -La tasa de rendimiento contable.

 

Por su parte, en los segundos encontramos los que figuran a continuación:

  • -El payback descontado.

 

  • -El valor actual neto (VAN).

 

  • -La tasa de rentabilidad interna (TIR).

 

A pesar de que permiten acceder a información clave, los sistemas estáticos llevan aparejado un déficit en el análisis de un proyecto, dado que no tienen en cuenta el momento en el que entra o sale dinero (de ahí su denominación). La consecuencia es que le otorgan el mismo valor a ese capital que, como es lógico, no es tal en un horizonte temporal que en otro.

 

En cambio, los métodos dinámicos (tampoco llevan su nombre por azar) sí ofrecen claves en ese sentido. Además, son compatibles entre ellos, con lo que usados de forma simultánea proporcionan una fotografía nítida de un proyecto.

 

Siendo los tres sistemas dinámicos importantes, el valor actual neto y la tasa de rentabilidad interna se presentan como herramienta fundamentales para valorar una inversión. El VAN de ésta es la suma de los valores actualizados del conjunto de los flujos netos de caja esperados, quitando, eso sí, el valor de la inversión inicial.

 

En cuanto a la segunda, también conocida como tasa interna de retorno, sirve para igualar los flujos de caja positivos y negativos que se generan en un proyecto de inversión. La TIR es, por ello, la tasa de descuento que hace que el VAN de una inversión sea igual a cero.

 

¿Por qué es importante la tasa interna de rentabilidad?

La conocida en inglés como IRR (internal rate of return) es de trascendencia capital por ser uno de los principales criterios para valorar una inversión. La TIR indica, en definitiva, la rentabilidad efectiva anual, el porcentaje de ganancia o pérdida que tendrá una inversión en aquellos montantes que no se han retirado del proyecto.

 

Como consecuencia, la tasa interna de retorno se posiciona como un elemento imprescindible para determinar si un proyecto puede ofrecer rendimientos económicos o no. Gracias a ella, un inversor puede aceptar o rechazar una propuesta: la TIR se compara con un tipo mínimo y si aquélla supera a éste, es aconsejable apostar por el proyecto; si no, mejor no arriesgarse.

 

Cómo se calcula la tasa interna de rentabilidad

La fórmula matemática para definir la tasa interna de rentabilidad es ciertamente farragosa y complicada para los legos en la materia. Así que mejor plantear tres ejemplos para hacerse una idea de su funcionamiento. En todo caso habrá que contar con tres indicadores del proyecto: la inversión inicial, la duración y los cobros y pagos de la operación.

 

Primer ejemplo.

  • -Inversión inicial: 20.000 euros.

 

  • -Duración del proyecto: 5 años.

 

  • -Cobros: 4.000 euros al año (en total, 20.000 euros).

 

  • -Pagos: 2.000 euros al año (10.000 euros en el lustro).

 

  • -TIR: -19,4%.

 

Conclusión: hay más gastos que ingresos, con lo que la TIR es negativa y el proyecto no es recomendable.

 

Segundo ejemplo.

  • -Inversión inicial: 10.000 euros.

 

  • -Duración del proyecto: 5 años.

 

  • -Cobros: 4.000 euros al año (en total, 20.000 euros).

 

  • -Pagos: 2.000 euros al año (10.000 euros en el lustro).

 

  • -TIR: 0%

 

Conclusión: se producen exactamente los mismos gastos e ingresos (una situación poco frecuente, pero útil para comprender qué analiza la tasa interna de rentabilidad), es decir, que la TIR es neutra y el proyecto, aunque por la mínima, puede ser interesante.

 

Tercer ejemplo:

  • -Inversión inicial: 10.000 euros

 

  • -Duración del proyecto: 5 años.

 

  • -Cobros: 6.000 euros al año (en total, 30.000 euros).

 

  • -Pagos: 2.000 euros al año (10.000 euros en el lustro).

 

  • -TIR: 28,6%

 

Conclusión: los ingresos rebasan a la partida de desembolsos de forma clara, lo cual lleva a una TIR positiva y entrar en el proyecto es aconsejable.

 

Cuándo es favorable la tasa interna de retorno

La regla en la tasa interna de rentabilidad en una inversión es clara: debe ser superior al coste de capital para que el proyecto sea de interés, ya que parte de la base de que los fondos generados a lo largo de su recorrido se pueden reinvertir. Así que, considerando únicamente este método, una inversión es aconsejable cuando la TIR es igual o superior a la tasa exigida por el inversor. Por tanto, a mayor TIR, más interesante es el proyecto.

 

Precauciones al usar la tasa interna de rentabilidad

Como todo sistema, la TIR no es perfecta y se deja fuera cierta información: no incluye los desembolsos que se suelen hacer a lo largo de la vida de un proyecto (sea por pérdidas o para afrontar nuevas inversiones), considerando únicamente la partida inicial.