Invertir en dividendos, una estrategia segura y rentable

Comprar acciones con un horizonte a largo plazo para obtener rentabilidad del reparto de beneficios que hacen las empresas -el Pay Out– se presenta como una opción clásica que puede dar resultados interesantes.

 

Existen multitud de posibilidades para tratar de obtener rentabilidad moviendo el dinero en función de los distintos perfiles de inversores. Unas tácticas son recientes, innovadoras si se quiere denominarlas así, mientras que otras se posicionan entre las que pueden considerarse clásicas. Dentro de estas últimas, hay una que, a pesar de ser de las más antiguas, resulta perfectamente válida en la actualidad. De hecho, nunca ha llegado a perder vigencia en España desde los años 60 o 70. Explicamos y analizamos la estrategia de invertir en dividendos.

 

Invertir en dividendos

 

El concepto es sencillo. Se trata, simplemente, de adquirir acciones de empresas para lograr rendimiento a través del reparto de beneficios que hace cada una de ellas. Es el denominado Pay Out, es decir, el porcentaje de las ganancias que cada sociedad dedica al pago del dividendo a los accionistas.

 

Por ejemplo, tomando números redondos, si la cuenta de resultados arroja un saldo positivo de 100 millones y el reparto es de 50 millones, el Pay Out es del 50%.

 

Claves al invertir en dividendos

 

En esta estrategia, como es lógico, resulta fundamental hacer una selección acertada de las empresas cuyos títulos se van a adquirir: dependiendo de la marcha del negocio habrá más o menos beneficios. A partir de esa cifra, también conviene conocer la política de reparto de dividendos de la compañía en cuestión, que no siempre es igual de generosa.

 

Es importante, de la misma manera, saber a cuánto asciende el dividendo por acción y la rentabilidad por dividendo. En el primer caso, si la sociedad tiene previsto un dividendo bruto de 50 millones y mantiene 100 millones de acciones en circulación, el dividendo por título es de 0,50 euros. Respecto a la segunda magnitud, puede obtenerse aplicando la siguiente fórmula: (beneficio obtenido/inversión realizada) x 100. Continuando con el ejemplo anterior y poniendo un precio por acción de 5 euros, (0,50/5) x 100 = 10 euros.

 

Ventajas de invertir en dividendos

 

En el lado positivo de invertir en dividendos se sitúan los siguientes aspectos:

 

  Aunque se encuadra en la renta variable, que suele implicar mayor riesgo, esta estrategia presenta un alto grado de seguridad.

  Los perfiles conservadores pueden optar por depósitos bancarios o la renta fija. Sin embargo, la inversión en dividendos puede aportar un extra en términos de rentabilidad.

  Al aplicarse un horizonte temporal a largo plazo, el inversor puede beneficiarse del interés compuesto. Éste consiste en la reinversión de los intereses obtenidos en cada periodo para sumarlos al capital inicial y producir así nuevos beneficios.

  De entrada, la elección de las compañías para invertir en ellas es crucial. Eso sí, una vez hecha la apuesta, no es necesario hacer un seguimiento habitual de las posiciones.

 

Inconvenientes de invertir en dividendos

 

Como todo producto financiero o estrategia inversora, invertir en dividendos tiene pros y contras. En este segundo capítulo cabe destacar los que figuran a continuación.

 

  Si el negocio cuyos títulos registra una trayectoria negativa, lo mismo ocurrirá con la inversión. Es decir, que existe una dependencia respecto a la marcha de la compañía para lograr rentabilidad.

•  Si se invierte en una o en pocas empresas, el riesgo de tener pérdidas se eleva.

  Más allá de las amenazas estrictamente internas (financieras, comerciales, corporativas), las acciones de cualquier compañía pueden verse amenazadas por factores externos: políticos, geoestratégicos, económicos, sectoriales, de reputación, etc. Éstos son prácticamente imposibles de controlar o de predecir hasta para el experto más avezado.

 

Consejos para invertir en dividendos

 

Considerando tanto las ventajas como las desventajas de invertir en dividendos, conviene tener en cuenta las siguientes cuestiones:

 

  Lo ideal es entender el negocio por el que se apuesta, saber cómo funciona y cuáles son las expectativas de crecimiento.

•  Conocer la empresa en la que se entra también resulta recomendable para el inversor que pasa a formar parte de ella como accionista.

  También es muy importante el sector que se elige. Los hay más inestables o volátiles, mientras que otros son más regulares. Por ejemplo, el energético es estable en términos generales, aunque depende del momento, por supuesto.

•  ¡Diversificación! En cualquier cartera se debe compensar unos activos con otros. Al invertir en dividendos no se da una excepción en este sentido. De hecho, es una de las fórmulas para correr menos riesgos: si una empresa de la cartera presenta cifras negativas, éstas pueden estabilizarse con otras que estén funcionando en los mercados bursátiles.

  Aunque ya se ha apuntado, cabe insistir para finalizar en la relevancia de la selección de las acciones en las que se va a invertir. Para ello, el asesoramiento profesional puede ser de gran ayuda.